miércoles, 7 de septiembre de 2011

En la dictadura esto no pasaba



Mirtha Legrand y Gerardo Sofovich, involucrados en una causa de lavado y evasión impositiva
La AFIP investiga cuál es la relación contractual que une a los artistas con las joyerías Ricciardi y Paul Baker, quienes están en el centro de la tormenta por maniobras dudosas.
Ellos negaron haber recibido alguna notificación del fisco. Sin embargo, el organismo del estado sigue sus movimientos de cerca.


“Por el hilo se saca el ovillo”, reza un viejo refrán, que bien podría aplicarse en la actualidad a una investigación que están desarrollando la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), y que involucra indirectamente a Mirtha Legrand y Gerardo Sofovich en un caso de presunto lavado de dinero y evasión impositiva.


Es que el organismo encargado de la recaudación busca establecer qué tipo de actividad económica existe y quiénes son los verdaderos operadores detrás de las joyerías Ricciardi y Paul Baker, del coqueto barrio de La Recoleta, y que respectivamente promocionan la diva de los almuerzos y el célebre productor televisivo, confirma el matutino Tiempo Argentino.


Con ese fin, ambas figuras recibieron en las últimas horas y en sus domicilios un requerimiento del fisco para que en un plazo breve brinden detalles sobre el vínculo comercial que tienen con esas marcas, particularmente para que expliquen quién es la contraparte en los contratos publicitarios.


La diva de los almuerzos fue notificada el viernes pasado en su domicilio de Avenida del Libertador, en tanto que Sofovich recibió el aviso en su vivienda de la calle Quintana.


Tiempo Argentino se comunicó ayer con sus respectivos secretarios, que dijeron no saber del tema. El pedido encuentra justificación, ya que tanto Legrand como Sofovich son la cara visible de las joyerías tanto en medios gráficos como en el propio sitio online de las firmas.


El pedido de informes fue revelado al diario por una fuente que tiene relación directa con ambas figuras. Sin embargo, según pudo saber este diario, los requerimientos no se quedarían allí, sino que podrían incluir a otras figuras del ámbito mediático que promocionen actualmente a Ricciardi.


Como se dijo, estas no son el centro de la investigación, sino una punta a partir de la cual indagar sobre los verdaderos operadores detrás de la centenaria marca de joyas. Consultada al respecto, la AFIP ni negó ni aseguró la información, y amparándose en el secreto fiscal, se excusó de dar cualquier tipo de detalles.


Luego de una serie de artículos –donde, en base a una investigación iniciada por la Unidad de Información Financiera (UIF), se confirmó que la familia Benzadón, actual propietaria de Ricciardi, utilizaba un testaferro jubilado y monotributista que figuraba como titular de la firma–, la AFIP empezó a investigar posibles maniobras de evasión impositiva y el uso de personas físicas que operarían como pantallas de otros negocios. Desde principios de la semana pasada, inspectores del organismo recaudador se instalaron en los locales de Ricciardi y Baker de la Avenida Alvear controlando los movimientos de caja y otros detalles que hoy están bajo secreto fiscal.


“Profundizar la pista patrimonial” es la palabra clave que se escucha entre los que siguen de cerca la causa. Es que el objetivo del fisco es develar si las joyerías Ricciardi y Paul Baker son una pantalla para otros negocios espurios, y el camino para hacerlo es rastreando el nivel de ingresos, gastos y negocios de los que hoy aparecen vinculados al manejo de ambas firmas. Razones para sospechar no le faltan: tal como publicó este diario la semana pasada, la familia Benzadón es investigada por la UIF, por la presunta utilización de sociedades offshore para multimillonarios negociados con futbolistas, y varias denuncias por la quiebra de Rosario Central. En este negocio aparece la conexión rosarina de los dueños de Ricciardi. Juan Carlos Alvares, cuñado de Benzadón, aparece involucrado en un préstamo fraudulento al club canalla, razón por la que fue denunciado penalmente bajo el cargo de asociación ilícita, en la misma causa en la que se pidió indagar la participación de Benzadón.


Curiosamente, luego de que este diario denunciara esta gris operatoria de los Benzadón-Alvares, el fisco rosarino concurrió la semana pasada a controlar el local comercial de Rosario que se le atribuye a Alvares. Sin embargo, la joyería El Lingote, a su cargo, apareció cerrada desde entonces hasta el día de hoy, al igual que 0800 Center Cash, también propiedad de los Alvares-Benzadón. Tiempo hizo una recorrida exterior por los locales de Ricciardi y Paul Baker ubicados en Alvear 1572 y 1585. Allí pudo constatar la presencia del presunto dueño de ambas firmas, Jeffrey Alberto Benzadón (alias “el Gordo Tony”), de su supuesto testaferro (Osvaldo Fernando Flores), y de quien está a cargo de Paul Baker (Brian Benzadón, hijo de Jeffrey Benzadón). No lo dicen a viva voz, pero entre los funcionarios cercanos  a la investigación sobrevuela cada vez con más fuerza el dibujo de una operatoria diseñada no sólo para evadir impuestos, sino para lavar activos. Las sospechas de la AFIP coinciden las pesquisas seguidas por la UIF, y que también apuntan a una operatoria en las sombras que conecta el negocio de las joyas y el oro con el manejo de activos por fuera del circuito legal, y que son blanqueados a partir de la compra de futbolistas.
Fuente: Primiciasya.com

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